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lunes, 14 de agosto de 2017

Pierden las mujeres con el PRI

Hugo Páez



No soy un convencido del corset de género, en ningún tipo de estructura. Me parece un sinsetido sentimiento de culpa, a partir de una injusticia histórica.
Pero esa norma justiciera es necesaria para romper resistencias, y dio muestra de ser nuevamente maleable para propósitos políticos: la suprimió el PRI de Enrique Ochoa Reza en la modificación de estatutos el sábado en la Asamblea Nacional, como paridad en las candidaturas a alcaldías, por complicar la reelección de los munícipes hombres, en ayuntamientos importantes.
La misma vergüenza de género -término mal empleado que explicaré más tarde- ocurrió con el funcionalismo de las ‘Juanitas’, mujeres legisladoras propietarias, que al tomar posesión cedían el lugar a sus suplente hombres. El gabinete federal es un ejemplo de inequidad, con solamente tres Secretarias mujeres: Arely Gómez González, Rosario Robles Berlanga y María Cristina García Cepeda.
Además ninguna mujer es visible dentro de los cinco aspirantes presidenciales más sólidos: Miguel Osorio Chong, José Meade, Luis Videgaray, Aurelio Nuño, José Narro y más. Ivonne Ortega siente el peso del rechazo misógino, y Claudia Ruiz Massieu bajó de Relaciones Exteriores a Turismo, y por último a segunda mano de Ochoa Reza en el PRI.
La injusticia de género se utiliza nuevamente con fines políticos, la justicia es 'flexible' para estos propósitos, tal como operó la discriminación de género, por el mismo sector que ahora se apresura a reivindicar a la mujer en ‘posiciones igualitarias’.
Sin embargo es válida la norma de equidad en la lucha igualitaria de derechos humanos, imprescindible para desplazar la misoginia, una realidad palpable hasta ahora, pero que en la tabula rasa encuentra su imperfección.
Por ejemplo, voces hablan de equidad en las Fuerzas Armadas, por la tremenda disparidad, donde los nombramientos de generales y almirantes están vetados a las mujeres, peor aún, en esa cultura castrense mexicana que ve a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos como modelo, el presidente Donald Trump eliminó cualquier posibilidad de ingreso de personas transgénero.
La ortodoxia explica la misoginia desde la transformación de las religiones politeístas a monoteístas: un dios hombre sobre toda la especie sapiens, hombres y mujeres: Jesús, Alá, Yahveh, esto es, un profundo sentimiento de diferencia, inmerso en la cultura occidental de las religiones Abrahámicas: judíos, cristianos y musulmanes.
Pero también hay respuestas sociales extraordinarias. En la última encuesta de Mitofsky de Roy Campos, cuatro mujeres y ningún hombre emergen en las preferencias de los capitalinos a Jefe de Gobierno de la CDMX: Claudia Sheinbaum de Morena, Alejandra Barrales del PRD, Xóchitl Gálvez del PAN y Rosario Robles del PRI.
Bajo esta perspectiva, la inequidad de género se revierte, o malinterpreta, ante un electorado al que NO parece importarle ese presunto equilibrio mal definido: el ‘género’ es homo y la especie es sapiens.
La confusión con sexo existe en todos lados, por ejemplo, en el portal de la Secretaría de Gobernación http://ow.ly/dNCU30eoQcX, se define en los siguientes términos: El “Sexo” se refiere a las características biológicas y fisiológicas que definen al hombre y a la mujer, por ejemplo: las mujeres tienen menstruación pero los hombres no.
El “Género” se refiere a los atributos sociales y las oportunidades asociadas a ser hombre o mujer, y las relaciones entre mujeres y hombres, niñas y niños. Estos atributos, oportunidades y relaciones se establecen y se aprenden en la sociedad, son específicos al contexto o tiempo, y pueden cambiar, por ejemplo: el hecho de que las mujeres hagan más tareas del hogar que los hombres.
Afortunadamente las placas de las naves espaciales Pioneer 11 y del Voyager I y II, llevan la imagen de un hombre y una mujer, y no la figura del Hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci, ¡de otra forma ya las hubiesen bajado..!
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